Ángel Justiniano Carranza (1834-1899), abogado, literato, historiador y biógrafo argentino, fue uno de los primeros en escribir sobre William Porter White.
Ávido coleccionista de documentos históricos, autor de una extensa crónica de las campañas navales realizadas desde el inicio de las guerras de independencia en 1810, quedó inédita a su muerte. Su viuda, doña Amelia Gayoso de Carranza, encomendó a José J. Biedma ordenar los materiales en preparación y dirigir su publicación, lo que finalmente sucedió en 1914, conmemorando el centenario de la primera acción naval del almirante Guillermo Brown – el asalto y toma de la isla Martín García, el 14 de marzo de 1814.
White fue un factor esencial en esa campaña, porque a pedido de Juan Larrea y prácticamente de la nada, organizó la escuadra que comandaría Brown. Carranza hace amplia mención del desempeño de White en el segundo volumen de esta obra, Campañas Navales de la República Argentina. Apareció en cuatro tomos, el primero en 1914 y los demás en 1916, editados por el Ministerio de Marina.
Años antes, en 1901, el Poder Ejecutivo había autorizado la compra a su viuda de la extensa colección de documentos de Carranza y su biblioteca. Si bien esta última fue incorporada inmediatamente a la Biblioteca Nacional, los documentos pasaron al Archivo General de la Nación recién quince años después, en 1916. Como se explica en la historia archivística del fondo en la página web del AGN, las sesenta cajas de documentos que ingresaron al archivo no tenían un orden. Finalmente, el agrupamiento documental fue identificado como una Colección conformada por tres fondos: Guillermo Miller, Ramón de Cáceres y Guillermo White.
Hoy se mira con severidad lo sucedido con la documentación, como se describe en la publicación del AGN, Departamento Documentos Escritos, Archivos y Colecciones de Procedencia Privada, Programa de Descripción Normalizada, Sección Documentación Donada y Adquirida (Sala VII), Vol. 3, Tomo I, p. 120:
Para la realización de estos trabajos, Carranza recurrió a fuentes documentales originales. Sin embargo, y al igual que en el caso de la mayoría de los historiadores del siglo XIX, la información que relevó rara vez provenía de los repositorios públicos, sino que la obtuvo a partir de los documentos que reunía en forma privada y que luego pasaban a formar parte de su voluminosa colección. De modo que las citas de sus libros remiten las más de las veces, a fuentes identificadas como de “mi archivo personal” o de “mi archivo naval”. La proximidad de la época del escritor con el período narrado permitía a estos historiadores, ya sea por conocimiento de los actores o de sus familiares, conseguir de ellos o de sus descendientes la cesión completa de la documentación vinculada con las personas que protagonizaban sus obras. De esta manera Ángel Justiniano Carranza logró apoderarse, en más de cuarenta y cinco años, de una vasta colección de piezas originales donde predominaban los temas y personajes navales, su objeto preferido de investigación. Si bien no se puede negar que esta amplia red de coleccionistas y libreros pudo rescatar una parte de la memoria nacional, no es menos cierto que causó un daño casi irreparable al patrimonio. Por un lado, estos hombres separaron la documentación que atesoraban de su contexto de producción y, por el otro, contribuyeron directa o indirectamente a la pérdida definitiva de una cantidad inestimable de piezas, que como posteriormente no fueron donadas o adquiridas por el Estado Nacional hoy son muy difíciles de recuperar. Al quedar en manos de tenedores particulares, siguen permaneciendo fuera del alcance de la investigación histórica.
Este es especialmente cierto en el caso del Fondo White. Como lo prueba una nota conservada en el fondo, Carranza había obtenido en préstamo el voluminoso archivo documental de White, de uno de su nietos, Pedro Nagle White (c. 1834-1865). El año en la fecha agregada a lápiz es incorrecto, y tampoco puede ser 1866 porque Nagle había fallecido el 26 de noviembre del año anterior.
AGN Sala VII Documentos Escritos – Fondo y colección Ángel J. Carranza Fondo Guillermo White, 1805-1806 – Legajo 666
Querido Carranza, Necesitando hacer uso de los papeles de mi finado abuelo que hace algun tiempo le facilité á Ud. para que tomara apuntes, le he de estimar me los remita por el portador. Perdóneme Ud. esta importu- nidad. Su amigo Pedro N. White Casa de Ud.(?) Diciembre 26/ ***
La incertidumbre en el año de la nota no afecta la evidencia – el hecho de que se conserva permite suponer que Carranza ignoró el pedido de Nagle, o que si no lo hizo, recuperó los papeles posteriormente.
El Fondo Guillermo White consta de veintisiete (27) unidades de conservación (S7-665 a 691), fechadas entre 1776 y 1876. La mayor parte de la documentación es original, escrita en castellano, inglés, francés y portugués (White hablaba los cuatro idiomas). La colección incluye correspondencia familiar y comercial, recibos, cuentas, contratos de transporte, reseñas de pleitos y problemas legales, etc. No está indexada ni catalogada, lo que es de esperar que se realice en un futuro no muy lejano.
Fuentes
Archivo General de la Nación, Buenos Aires. Fondo Carranza/White, Documentos Escritos, Sala VII, Legajo 666
A la usanza de la época, una sola hoja de papel, adecuadamente plegada, servía de carta y sobre. Abierta y manchada de humedad, todavía mantiene el sello de lacre. Está dirigida a Thomas Kington, Esquire, de Charlton Lodge, cerca de Bristol (Somerset, Inglaterra), y fechada 10 de julio de 1807. La guardaba William P. White entre sus papeles, hoy conservados en el Archivo General de la Nación.
La elegante y fluida escritura denota una persona educada; redactada con apuro, quedó una página en blanco, tal vez para entregarla a tiempo a quien la despacharía.
Dear Brother, I have just time to give you a line, in case you would suppose I am much worse than I really am & that you will write to Lady C. as soon as possible to say I am doing as well as could be expected, the Ball entered my leg & went out the other side. You will see the particulars of the action in the Gazette, most bloody it has been, poor Burrell was killed when he took my Place in charging two Twelve Pounders. It will be a satisfaction to you to see the Carabs did their Duty in a very flattering style, & as to Wound I Care(?) little about, had there been 50,000 Men they could not have succeeded which I will explain at some other time, I am in General Liniers House & treated with the greatest kindness, we all return to Europe or at least evacuate S. A. Continent in two Months I am in hopes to see you in England by X’mas day, the Carabs had 39 killed & Wounded in about half an hour, Genl. W. has paid us a handsome compliment love to all Adieu your affectionate Brother P K – Buenos Ayres 10th July 1807
Querido hermano, Tengo el tiempo justo para darle una línea, en caso de que suponga que estoy mucho peor de lo que realmente estoy y que le escribirá a Lady C. tan pronto como sea posible para decir que me está yendo tan bien como podía esperarse. La bala penetró mi pierna y salió por el otro lado. Verá los detalles de la acción en la Gazette, fue muy sangrienta: el pobre Burrell murió cuando ocupó mi lugar cargando dos de a doce. Será una satisfacción para usted ver que los Carab(inero)s cumplieron con su deber de manera muy halagadora, y en cuanto a herida me importa poco. 50.000 hombres no habrían tenido éxito, lo que explicaré en otro momento. Estoy en la casa del general Liniers y me tratan con la mayor amabilidad, todos regresamos a Europa o al menos evacuamos el continente S. A. en dos meses. Espero verlos en Inglaterra el día de Navidad. Los Carabs tuvimos 39 muertos y heridos en aproximadamente media hora, el general W(hitelocke). nos ha hecho un considerable cumplido. Amor a todos. Adiós, su afectuoso hermano, P K Buenos Ayres, 10 de julio de 1807
AGN Documentos Escritos, Sala VII, Fondo Carranza/White, Legajo Nº 667 (traducción del autor)
El firmante era el teniente coronel Peter Kington. Estaba a cargo del 6º de Dragones (Carabineros), uno de los regimientos que integraban las fuerzas británicas en la segunda invasión.
Bautizado el 6 de abril de 1777 en St. Mary-le-Port, Bristol (dato de The Peerage que no he podido verificar), era hijo de Thomas Kington y Susannah Goodwin. Había desarrollado una rápida carrera militar: en 1794, fue promovido de ensign a teniente en el 33º Regimiento de Infantería, luego a capitán del 6º de Dragones en 1795, a mayor en 1799, y a teniente coronel en 1805. Casado en 1799 con Urania Anne, marquesa viuda de Clanricarde, varios años mayor que él (la Lady C. de la carta), tenían una hija, entonces de cinco años, llamada Urania Mary Anne.
Kington había sido herido en el ataque al centro de la ciudad del 5 de julio. Tal como le dice a su hermano en la carta, The London Gazette, en una edición extraordinaria del 13 de septiembre de 1807, publicó un despacho del teniente general Whitelocke, dirigido a William Windham, Secretario de Estado (Guerra y Colonias).
Fechado en Buenos Aires el 10 de julio, la misma de la carta de Kington, lo había traído de allí el teniente coronel Bourke. Menciona dos veces a Kington (como “Kingston”), la primera al relatar lo sucedido y dándolos a él y a su segundo Burrell como heridos:
La segunda, en la nómina de bajas de oficiales de ese día 5, donde Kington aparece como herido gravemente, y aquí sí, Burrell entre los muertos:
Whitelocke fue sometido a una corte marcial por su desempeño en la fallida invasión. Existen varias versiones taquigráficas del juicio, que comenzó el 28 de enero de 1808 en Chelsea College, Londres. La impresa para J. C. Mottley incluye el relato de un testigo presencial: el capitán Davenport, del 6º de Dragones. Fue interrogado sobre los sucesos del 5 de julio en el vigésimo quinto día del juicio.
Captain HENRY WILLIAM DAVENPORT sworn. The Third Charge was read. Examined by the Judge Advocate. Q. Are you the senior surviving officer of the Sixth Dragoon Guards? A. I am. Q. State the orders you received on the 5th of July last, and the operations of your regiment in pursuance of those orders, from the time you moved from the cantonments, where you had remained the night before, during that day? A. I can only state as to the operations, for I received no orders. Colonel Kington received the orders, and I never heard them from him.—On the 5th of July, the 6th dragoon guards, under the command of Lieutenant Colonel Kington, evacuated their cantonments at six in the morning. Some delay was occasioned, owing to Colonel Kington missing his way, and we did not arrive in the entrance to the city till seven, where we found two troops of the 9th light dragoons, in whose charge were two field-pieces. Lieutenant Colonel Kington took the command of the whole of the troops mentioned, and entered the city, one of the field-pieces being advanced in front of the column, the other left stationary in the rear, with thirty men of the 6th dragoon guards, and an officer. We advanced as far as the second square, without the enemy firing upon us; and until we arrived there the silence of the town struck me forcibly; from that point we advanced under a gradually increasing fire, it increased as we advanced. About the second square Colonel Bradford, the Adjutant General, came up with orders to Colonel Kington, with the purport of which I am not acquainted. When we arrived at the fourth square, I think, but I cannot be certain, whether it was the fourth, I am certain it was at least the fourth, the enemy’s fire became more heavy and destructive than it had been at any former period. The 6th dragoon guards attempted to advance beyond the point. Lieutenant Colonel Kington and Captain Burrell fell; after which Major Piggot, of the 9th light dragoons, came up to the head of the column, and finding it impossible to advance beyond the point, was retreating to the right, supposing the streets to be intersected at angles.
El capitán HENRY WILLIAM DAVENPORT prestó juramento Se leyó el tercer cargo. Examinado por el Abogado Juez. P. ¿Es usted el oficial superior superviviente de la Sexta Guardia de Dragones? R. Lo soy. P: Declare las órdenes que recibió el 5 de julio pasado y las operaciones de su regimiento en cumplimiento de esas órdenes, desde el momento en que dejaron los acantonamientos donde habían permanecido la noche anterior, durante ese día. R. Sólo puedo comentar sobre las operaciones, pues no recibí órdenes. El coronel Kington recibió las órdenes y nunca supe de ellas. El 5 de julio, la 6ª guardia de dragones, al mando del teniente coronel Kington, evacuó sus acantonamientos a las seis de la mañana. Se produjo algún retraso debido a que el coronel Kington se extravió y no llegamos a la entrada de la ciudad hasta las siete, donde encontramos dos tropas del 9º de dragones ligeros, a cargo de dos piezas de campaña. El teniente coronel Kington tomó el mando de todas las tropas mencionadas y entró en la ciudad, avanzando una de las piezas de campaña delante de la columna y dejando la otra estacionaria en la retaguardia, con treinta hombres de la 6ª guardia de dragones, y un oficial. Avanzamos hasta la segunda manzana, sin que el enemigo nos disparara; y hasta que llegamos allí el silencio en la ciudad me causó una profunda impresión; a partir de ahí avanzamos bajo un fuego que iba aumentando paulatinamente y que aumentaba a medida que avanzábamos. Por la segunda manzana, el coronel Bradford, ayudante general, dio órdenes al coronel Kington, cuyo significado desconozco. Cuando llegamos a la cuarta manzana, creo, pero no puedo estar seguro, si era la cuarta, estoy seguro de que era al menos la cuarta, el fuego del enemigo se volvió más intenso y destructivo que en cualquier período anterior. Los guardias del 6º de dragones intentaron avanzar más allá de ese punto. Cayeron el teniente coronel Kington y el capitán Burrell; después de lo cual el mayor Piggot, del 9º de dragones ligeros, se acercó a la cabeza de la columna y, al encontrar imposible avanzar más allá del punto, se retiró a la derecha, suponiendo que las calles se cruzaban en ángulos.
Una obra anónima, publicada en 1808, también evoca lo sucedido, pero con detalles no mencionados en el juicio, como la descripción de la herida de Kington y que había sido tomado prisionero.
El 6º de dragones al mando del teniente coronel Kington avanzó con las otras columnas, pero desviándose, no llegó hasta las siete a la entrada de la ciudad, donde encontraron dos tropas del 9º de dragones ligeros con dos piezas de campaña. El coronel Kington los tomó bajo su dirección y durante algún tiempo avanzó sin la menor oposición. El enemigo abrió entonces el fuego contra la columna, y cuanto más avanzaba, más pesado y destructivo se volvía. Habiendo recibido el coronel Kington una grave herida en la pierna y muerto el capitán Burrell, sus hombres se vieron obligados a retirarse, dejando a su comandante en manos del enemigo.
Juan Beverina, en su obra sobre las invasiones, también menciona a Kington, pero es Carlos Roberts en la suya quien describe más detalles (p. 273). Aparentemente ignoraba el nombre de pila del militar. Kington y su columna avanzaban desde el oeste por la calle Cabildo (hoy, Hipólito Irigoyen) hacia las posiciones defensivas en la línea de las calles Suipacha y Tacuarí. Pese a que el 6º y 9º eran regimientos de caballería, lo hacían a pie. También dice que Kington fue “mortalmente herido”, lo que claramente no era cierto.
Otra obra anónima de 1808 da la causa de su muerte:
No sería justo deducir que las atenciones dirigidas por el general Liniers hacia los rehenes y heridos ingleses que permanecían en Buenos Ayres eran sólo motivadas por la política. Su carácter ya estaba demasiado bien establecido por su generosidad y humanidad, como para no suponer que se movía principalmente por éstas, que igualmente predominaban en la conducta de casi todo español decente. Aquellos oficiales cuya recuperación estaba suficientemente avanzada fueron enviados a unirse a sus regimientos en Monte Video, donde llegaron llenos de elogios por el trato hospitalario que habían recibido. Es justo añadir que estas atenciones sólo cesaron cuando el suelo cubrió los restos de sus huéspedes que murieron a causa de sus heridas, y no fueron pocos. Entre otros, el coronel Kington, de la 6ª Guardia de Dragones, fue víctima de tétanos, consecuencia de una herida en la pierna. Su cadáver fue atendido hasta la tumba por el general español, el municipio e hidalgos del lugar, un batallón rindiendo honores militares en la melancólica ocasión.
Páginas después de su cita anterior y describiendo esa actitud de Liniers hacia los vencidos, Roberts agrega otro detalle, aunque no explicita la fuente:
Otro caso es el del teniente coronel Kington, jefe del 6 de Dragones […] Liniers lo hizo llevar a casa de su amiga Ana Périchon de O’Gorman, y allí fue atendido como si fuera uno de la familia. Liniers lo visitó en cada uno de los 17 días, hasta que murió, y lo hizo velar en el fuerte. El día 23 fue enterrado, según su última voluntad, en el cuartel de sus bravos enemigos, los Patricios (calle Perú, fondos de San Ignacio), en presencia de Liniers, sus oficiales y una guardia de honor de cuatro batallones. Más tarde se colocó un monumento sobre su sepultura, pero éste fue retirado en 1818, al modificarse el edificio.
Roberts, op. cit., p. 292
Pese a que no aparece en la bibliografía listada por Roberts, la fuente de sus datos parece ser The Soldier’s Companion, una recopilación de episodios militares publicada en 1824. Roberts no menciona que Kington estuvo a punto de morir a manos de soldados patriotas ni de que fuera salvado por la intervención de un anciano español.
TENIENTE CORONEL KINGTON, del 6° Regimiento de Guardias de Dragones, herido en Buenos Ayres, el 5 de julio de 1807. Las siguientes anécdotas se relacionan con el período final de la vida del valiente teniente coronel Kington del 6º regimiento de guardias de dragones o carabineros, y con el trato humanitario que recibió por parte de los oficiales españoles: Habiendo avanzado el teniente coronel Kington una considerable distancia hacia la ciudad de Buenos Ayres, en la mañana del 5 de julio de 1807, recibió una bala de mosquete en la pierna derecha, que le hizo caer mientras vitoreaba y animaba a su regimiento a seguirlo y tratar de tomar dos piezas de cañón, frente a ellos en el centro de la calle. Rechazando cualquier ayuda de sus hombres para llevarlo, deseó que avanzaran y cumplieran con su deber bajo el mando del valiente y muy lamentado Capitán Burrell, quien también recibió una herida mortal. Mientras tanto, el coronel logró pasar del centro a una de las calles transversales, y allí permaneció hasta que se ordenó a los carabineros que se retiraran, cuando el enemigo avanzó y comenzó a tratarlo de la manera más brutal – estaban a punto de despacharlo con sus bayonetas, si un viejo español no hubiera salido corriendo de su casa y arrojando su capa sobre el coronel, y su persona entre él y sus compatriotas, les suplicó que le perdonaran la vida y no se aprovecharan de un enemigo caído. Entonces el anciano lo arrastró a su casa y, después de vendarle la herida, lo acostó en su cama y lo observó durante el día y la noche con la ternura de un padre; lo hizo transportar el día 6 a la ciudadela, donde el general Liniers ordenó que se prestara toda la atención posible a su prisionero herido. El general dijo al coronel que la señora O’Gormon (sic), pariente suya, se había ofrecido a alojar uno de los oficiales heridos en su propia casa, y pidió que lo trasladaran a su vivienda, donde su herida recibiría todos los cuidados posibles. En esta hospitalaria mansión, el coronel permaneció diecisiete días antes de su disolución, recibiendo de manos de su amable anfitriona y sus parientes toda la atención que humanitariamente se podía exigir. El general Liniers asistía diariamente, y lo visitaba siempre antes de retirarse a descansar; mostró tanto interés por la seguridad del coronel como podría haberlo hecho por su propio hijo en una situación similar. El anciano español fue constante en sus averiguaciones sobre la herida del coronel, y aunque se le presionó para que recibiera una suma de dinero por su trato tierno y humanitario, no se le pudo convencer de que aceptara la más mínima recompensa pecuniaria, aunque de ninguna manera estaba en una situación económicamente holgada. La generosa conducta del general Liniers continuó después del fallecimiento del coronel, el 22 de julio; ordenó que el cuerpo fuera trasladado al palacio del virrey y que allí permaneciera de cuerpo presente hasta el entierro; el funeral se celebró a la manera inglesa; asistieron el general Liniers y todos los principales oficiales militares y magistrados civiles, con cuatro regimientos de infantería para disparar sobre la tumba; y el general ordenó que se colocara una tableta, con una inscripción adecuada, sobre los restos del difunto.
Al escribir su carta, cinco días después de la batalla, el teniente coronel parecía de buen ánimo, por lo que se estaría recuperando. Esas visitas diarias de Liniers pueden haberle hecho creer que estaba en su casa, pese a ser lo de O’Gorman.
Una nota manuscrita de White al tope de la página explica lo sucedido con la carta (la fecha a lápiz es un agregado):
Note: the following Letter was sent me, to be forwarded to its address: before I had an opportunity of so doing, my papers and person were seized & this letter was returned to me, in its present state, Bs. Ayrs. July 1808. (signed) Wm. P. White
Nota: La siguiente carta me fue enviada para hacerla llegar a su dirección: antes de tener una oportunidad de hacerlo, mis papeles y mi persona fuimos incautados y esta carta me fue devuelta, en su estado actual, en Buenos Ayres, julio de 1808.
No está claro cuándo White dejó Buenos Aires, donde estuvo por lo menos hasta la capitulación de Whitelocke, el 7 de julio. Como lo prueba una carta escrita por Francisco Belgrano, el 18 ya estaba en Montevideo, alojado en la “Maison de Vianqui” (Fondo Carranza/White, Legajo Nº 667). Su amistad con Ana Périchon de O’Gorman y, a través suyo, con Liniers, puede haber sido el motivo de que se le diera la carta, para despacharla a Inglaterra, pero sorprende que no se eligiera a uno de los oficiales que regresaban a su país poco después de la rendición, o que White no la haya despachado antes del 13 de octubre, cuando fue arrestado por orden de Javier de Elío, gobernador de Montevideo. Recién recuperaría su libertad en mayo de 1808.
No sabemos si Kington escribió otra carta a su familia, antes de morir. El periódico The Salisbury and Winchester Journal publicó un obituario en la página 4 de su edición del 16 de noviembre de 1807, sin dar su primer nombre, y equivocando la fecha de muerte (14 por 22) y el nombre de su padre, Thomas.
Su viuda contrajo un tercer matrimonio en 1813 con el vicealmirante Joseph Sidney Yorke, y falleció en 1843. Su hija Urania, casada con John Henry Campbell Wyndham, murió sin sucesión en 1868. Thomas Kington, el destinatario de la misiva, tuvo varios hijos y una extensa familia; tal vez algún descendiente llegue algún día a leer esta carta.
Un último detalle: Kingston escribe que las dos piezas de artillería que llevaba el 6º de Dragones eran de a doce. El informe de Whitelocke dice que eran de a seis; Davenport, en su testimonio durante el juicio a Whitelocke no menciona el calibre, pero otros testigos dicen que eran de a 6, como lo hacen todas las publicaciones posteriores. ¿A quién creerle – al que fue herido cuando recargaba una de ellas, o al que redactó el informe de Whitelocke, tan cuestionado por las falencias en las comunicaciones con sus subalternos, y a los otros testigos?
Agradezco a Michael Gibbs, de The Gibbs Family Tree, y a Darrell Lundy, de The Peerage, la información genealógica que me permitió identificar adecuadamente al teniente coronel Peter Kington y a su hermano Thomas, y a Cristián Botozis, los datos de la obra de Beverina.
Fuentes
Archivo General de la Nación, Buenos Aires. Fondo Carranza/White, Documentos Escritos, Sala VII, Legajo 667
The London Gazette – Extraordinary, Numb. 16065, Sunday, September 13, 1807, pp. 1205-1213
The proceedings of a general court martial, held at Chelsea hospital, on Thursday, January 28, 1808, and continued, by adjournment, till Tuesday, March 15, for the trial of Lieut. Gen. Whitelocke, late commander-in-chief of the forces in South America – taken in shorthand by Mr. Gurney, London, printed for J. C. Mottley, Portsmouth, by Longman, Hurst, etc., 1808
Bibliografía
_____, An authentic narrative of the proceedings of the Expedition under the command of Briadier-Gen. Craufurd, until its arrival at Monte video; with an account of the operations against Buenos Ayres under the command of Lieut.-Gen. Whitelocke, by an Officer of the Expedition, London, G. E. Miles, 1808
_____, Notes on the Viceroyalty of La Plata, in South America: with a sketch of the manners and character of the inhabitants, collected during a residence in the city of Monte video, by a Gentleman recently returned from it, London, J. Stockdale, 1808
_____, The soldier’s companion, or Martial recorder…, Vol. I, p. 426. London, Edward Cock, 1824
Beverina, Cnel. (R.) Juan B., Las invasiones inglesas al Río de la Plata (1806-1807), vol. 3, Buenos Aires, Mas Letras Comunicaciones, 2015
Burke, Sir Bernard, C.B., LL.D., A Genealogical and Heraldic Dictionary of the Peerage and Baronetage, together with Memoirs of the Privy Councillors and Knights, London, Harrison, 1880
Fletcher, Ian, Robert Craufurd – The Man & the Myth – The Life and Times of Wellington’s Wayward Martinet, Pen & Sword Military, Great Britain, 2021
Master, The Rev. George S., M.A., Collections for a Parochial History of Wraxall, J. W. Arrowsmith, Bristol, 1900 – “Charlton”, pp. 46-52
Maxtone-Graham, E., The Oliphants of Gask: records of a Jacobite family, J. Nisbet & Co., London, 1910
Roberts, Carlos, Las invasiones inglesas del Río de la Plata (1806-1807) y la influencia inglesa en la independencia y organización de las provincias del Río de la Plata, Jacobo Peuser Ltda., Buenos Aires, 1938