El legajo Nº 671 del Fondo Carranza/White del AGN conserva un aparentemente sencillo documento: un cuadernillo, armado con hojas dobladas por la mitad, cosidas en la canaleta con una rústica cinta de tela.

Transcripción, sí; ¿traducción?
Es un diario de su viaje a Chile por tierra, realizado en 1812. La tinta, desteñida en la primera mitad de las páginas, hace muy difícil su lectura.

Los técnicos del AGN lograron, digitalmente, una notable mejora, pero aún así, no todo el texto se logra transcribir.

White era un hombre de educación universitaria, y había viajado extensamente por Europa y por Asia, dedicado al comercio de ultramar – hasta Batavia en las Indias Orientales Neerlandesas (hoy Yakarta). En este nuevo viaje aparentemente llevaba instrumentos que le permitían calcular las distancias recorridas cada día, que registraba en leguas. Tal vez, aunque no lo dice, tenía un mapa del camino de postas o un itinerario con las distancias, como los publicados en el libro de Schmidtmeyer años después, en 1824, pero los errores en la escritura de los nombres de los lugares hacen suponer que no era así. También medía y anotaba la pendiente de las cuestas, y las temperaturas, ambiente y corporal.


Por lo uniforme del aspecto, el diario parece demasiado prolijo como para haber sido redactado en el camino. Varios indicadores sugieren que fue escrito después del viaje, en base a notas, y en dos etapas: la forma de escribir las fechas de las entradas, primero en dos líneas, luego en una sola; el cambio de tinta, más o menos por la mitad; la entrada fechada el 17 de junio, donde narra el regreso a Santiago el 26 de ese mes luego de visitar Valparaíso, y comenta que debió abandonar el 5 de julio el lugar donde se había hospedado a su llegada porque habían alojado allí a los heridos en un episodio que tuvo lugar en los festejos de la independencia estadounidense, el día anterior. La siguiente entrada está fechada 1º de julio, varios días antes de ese suceso.
La redacción no es impecable (effected por affected, proform por perform, etc.) y, algo común en la época, puntuación y capitalización irregulares y arbitrarias, aunque cabe recordar que habían pasado más de 10 años desde que había dejado países de habla inglesa.
Ciertas peculiaridades del estilo de White en este diario, como no siempre usar pronombres personales, hacen difícil interpretar correctamente el texto. Opté por escribir un comentario descriptivo, en vez de una traducción literal, aunque la hago para algunos pasajes destacables.
Las versiones de White de nombres de personas y lugares son otro problema. Reemplacé los reconocibles por las grafías correctas; los que no fue posible identificar se señalan con (?).
Las imágenes de las páginas del diario y la transcripción del texto se dan en otro post de este blog.
En cursiva, términos tal como aparecen en el original; reemplacé el sistema de doce horas de White (a.m. y p.m.) por el de veinticuatro.
De Buenos Aires a Mendoza
White sale de Buenos Aires el 4 de mayo de 1812 con el correo Benito Elías, y lo que debe haber sido abundante equipaje. Siguen el camino de postas hacia Mendoza (Canal de la Cruz, Cañada de Gómez, etc.), recorriendo entre 20 y 30 leguas por día. Menciona el encuentro el 6 con un Sr. Vanuxen de Baltimore, que iba en sentido contrario, y la gran cantidad de ganado y especialmente, bandadas de entre 200 y 300 ñandúes (austriches…).
Pasando por Saladillo, costeando el río Tercero, siguen a Fraile Muerto y llegan el 8 a lo que llama José Ignacio de Casas, donde fue cordialmente atendido por una “buena familia” (a fine family), con cena y baile (tal vez Arroyo San José, salvo que se refiriera al anfitrión).
El siguiente tramo del camino, afectado por la profusión de arbustos espinosos y mimosas, fue más dificultoso, hasta llegar el 10 a las primeras cadenas de montes, en Portezuelo, siguiendo el 11 a San José del Morro y a San Luis. El 12 a Desaguadero, el 13 a Las Catitas, llegando el 14 a Mendoza.
Describe la ciudad, a 286 leguas de Buenos Aires, pero deja en blanco el número de habitantes y de casas, que no llegó a completar. Indica que algunas están bien construidas y son de elegante aspecto, y que la ciudad está a una media legua de la base de los Andes, “cuyas altivas cumbres se ven a 60 leguas”.
Se hospeda en el café (coffee house), donde no se acostumbra proveer camas, por lo que se conforma con lo que había usado en el camino – la montura, tres mantas y un poncho (en castellano en el original).
Viajaba bien munido de cartas de presentación, en Mendoza para un Sr. Richards y para la hermana de Juan José Castelli, Dolores Castelli de Galigniana, a quienes visita. La noche del 15 se encuentra con un “viejo amigo”, pero no lo identifica.
El 16 de mayo cierra el trato con un baqueano que lo guiará en el cruce de la cordillera hasta Santiago, además de obtener provisiones, caballos y mulas para el equipaje, y todo lo necesario para el viaje, “por 35 dólares” (Dls.). Pasa el resto del día con el Sr. Richards y a la tarde visita la chacra (chackara) del Sr. Molina.
De Mendoza a Santiago: cruce de los Andes
El 17 parten a las diez y media, con cinco peones, un pasajero y dos mulas cargadas con el equipaje y provisiones, llegando a las 19 a Villavicencio. Al atardecer estaba fresco, pero de pronto soplaban fuertes ráfagas de un viento caliente y opresivo; la diferencia de temperatura entre unas y otras era de 18ºF, lo que hizo que la noche fuera algo más cálida que la tarde.
White pasa todo el 18 esperando al correo, que se había demorado en Mendoza y que llegó a las 17, cuando ya era tarde para seguir camino. Partieron el 19 a las 10, con una espesa niebla que cambió a una tormenta de nieve a las 11, continuando hasta las 12 cuando se despejó en un hermoso día. El sinuoso camino ascendía en una pendiente de unos 15º a 18º, hasta llegar al pie de una montaña de varios miles de pies de altura llamada Paramillo, a 4 leguas de Villavicencio. La pendiente cambió a 50º-55º y el camino zigzageaba hasta la cumbre. Al descender ve los Andes:
Serpenteando desde la cumbre vimos los Andes con sus cimas nevadas apuntando a las nubes. Esto parece ser una gran división en la cresta de los Andes porque ahora comenzamos a descender gradualmente y en lugar de las rocas divididas que formaban las montañas del otro lado, ahora se volvieron más regulares y no tan elevadas. Un terreno casi nivelado con suaves descensos continuó bajando y ocasionalmente subiendo, unos pequeños cerros hasta llegar a Uspallata a 15 leguas de Villavicencio en las cimas de Paramillo.
El frío era bastante severo y dos horas después de descender hacía un calor incómodo. El viento era del SO. Vi varios guanacos, un animal que produce la lana más fina que se conoce. Mide aproximadamente 3 ½ pies de altura y es de color marrón rojizo, como un camello de aspecto, particularmente su cuello y cabeza, la carne tiene sabor a carnero.
En Uspallata ven una iglesia de adobe, en una planicie de unas dos leguas de diámetro, rodeada de altas montañas, donde había rastros de intentos de crear extensos viñedos y cultivos en gran escala, pero todo estaba abandonado.
Al observar una fuerte tormenta de nieve, unas leguas al oeste, permanecen todo el día en Uspallata, saliendo recién el 21 a la mañana, llegando en 2 leguas al río Mendoza (que llama Desaguadero). Siguiendo el rumbo del río, a las 17 llegan a Tambillos donde desmontaron, hicieron fuego, asaron carne y cenaron, durmiendo al aire libre “con el cielo como cobertura.”
El 22 salen a las 8, costeando el río, a veces de un lado, otras del otro, y debajo de cornisas montañosas “cuando con el menor impacto existe el peligro de que caigan toneladas de piedras sobre nuestras cabezas”. Luego de cinco leguas, el camino estaba cubierto por dos pulgadas de nieve por lo que cruzan al lado sur, donde el sol la había derretido. A diez leguas de Tambillos acampan y preparan una buena cena, durmiendo al aire libre.
Al día siguiente se envuelve los pies en pieles porque el frío, que hasta entonces no había sido demasiado intenso, ahora lo era. A las 8 volvieron a cruzar el río y a 5 ½ leguas llegaron a…
… un empinado cerro llamado Paramillo, que ascendimos en zig zag, la nieve a veces demasiado profunda para las mulas. Descendimos otra legua y media y pasamos la Casucha de la Cumbre. A las 13 llegamos al pie del gran cordón de los Andes que se yergue a una elevación de 65º. Comenzamos ascendiendo por un camino en zig zag hasta las 15, cuando la nieve era tan profunda que las mulas no podían continuar. Las descargamos, los peones tomaron la carga en sus espaldas y continuamos a pie y a eso de las 17:30 llegamos a la cumbre. Luego descendimos a la casucha de la (falta el nombre), adonde llegamos a las 19:30.
No queda claro si es el mismo Paramillo mencionado antes, o es un error. Continúa con una detallada descripción del efecto de la altura, que le hace suponer que sufre de lo que llama tisis:
Desde mi llegada a Villavicencio me encontré como supuse muy afectado por la tisis porque el menor esfuerzo o trabajo me acortaba la respiración de tal grado que me alarmé mucho y cuando bajé de mi mula para subir a la montaña realmente me vi muy afectado con esa dolencia porque no podía caminar diez pasos sin estar muy oprimido por falta de aliento, jadeando como si hubiera estado corriendo una carrera. Encontré que era necesario para cada paso que daba sentarme y respirar tres veces antes de estar lo suficientemente descansado para continuar, pero encontré a todos los peones afectados de la misma manera. Cuando le pregunté a uno la causa, no pudo darme ninguna explicación, pero dijo que todos al cruzar estas montañas eran afectados así. Este relato y ver a todos los demás jadeando calmó mis temores respecto a la tisis. La causa puede atribuirse a la ligereza del aire a tan gran altura sobre la superficie de la tierra. Hicimos un fuego, cocinamos algo de charque (charka) como cena y nos fuimos a dormir.
El 24 salen a las 7 de la casucha, en un lindo día. Al comenzar a descender, la nieve era muy profunda y a las 8 comienza a soplar viento sudoeste, media hora. Comienza a nevar y por la fuerza del viento era casi imposible mirar en esa dirección. White dice que esos “temporales” eran el terror de peones y baqueanos de los Andes. De los seis peones, dos, de carácter más decidido, se adelantaron a los demás y White los acompaña pero por la severidad de la tormenta pierden de vista al resto. La nieve era tan espesa que…
… no podíamos ver, la que caía en mi cara se derretía un poco mezclándose con la acumulación continua de forma que mis bigotes, barba y el cuello de mi abrigo estaban completamente cubiertos de hielo y ocasionalmente cubría casi por completo mi cara y nariz, de modo que la punta de mi nariz estaba algo congelada. La nieve que caía en mis ojos, cuando de vez en cuando miraba hacia barlovento para descubrir la casucha (pues los propios peones tenían algunos temores de haberla pasado) era casi tan severa como chispas de fuego, de modo que una vez en particular por el dolor que causaba me sentí obligado a mantener uno cerrado durante algún tiempo. Al intentar abrirlo, lo encontré completamente cubierto de hielo y tuve algunas dificultades para separarlo del pelo de mis pestañas para poder abrirlo, lo que durante tres días después me dio mucho dolor. A las 12 con mucho cansancio llegamos a la casucha de las Colinas (2 leguas de donde empezamos) con la intención de pasar a la siguiente, 1 ½ legua más allá. Esperábamos con ansiosas expectativas la llegada de los demás, a las 14 llegó el correo y el otro pasajero y un peón sin ninguna información de los otros por los cuales ahora empezamos a sentir mucho miedo suponiendo que se hubieran dado por vencidos por el cansancio y dormido. Ni a las 15 ni a las 16 habían llegado, fue a las 16:15 cuando hicieron su aparición para nuestro gozo y satisfacción. Ya era demasiado tarde para continuar, nos encontramos en una casita sucia sin puerta y la nieve entrando, sin carbón ni nada para hacer un fuego. Sin embargo, me mantuve caliente haciendo ejercicio hasta las 5 ½ cuando todos nos fuimos a dormir, bastante cómodos.
Primera y hasta ahora única mención de que tuviera barba y bigotes, a diferencia de su lampiño retrato.
La tormenta había pasado a la medianoche, y a las 7 del 25 dejan la casucha, la nieve muy liviana y profunda, en cada paso hundiéndose hasta las rodillas o más. Pasan otra casucha, a mediodía empieza a disminuir la nieve y ven acercarse las mulas, reuniéndose a las 12 ½, a 2 ½ leguas de donde habían partido. A las 13 llegan los otros peones, todos montan y continúan a lo largo del río Aconcagua hasta llegar a Santa Rosa (hoy, Los Andes), “un pequeño y agradable lugar con algunas casas, en un valle enteramente rodeado de montañas”.
Después de cabalgar dos leguas el terreno estaba totalmente libre de nieve y sólo se la veía en las cimas de las montañas, y al derretirse, formaba numerosas pequeñas cascadas a cada lado del río. La Cordillera de este lado tiene mucho más apariencia de bosque que del otro, se ven árboles de altura respetable y verdes valles, cuando del otro lado están apenas cubiertos, ocasionalmente con pequeños arbustos. En nuestro camino parece haber solamente dos grandes cadenas de los Andes, la primera que pasamos el 19 y el segundo gran cordón es la cumbre que pasé el 23. La declinación desde la cumbre a Santa Rosa es 1 ½ o 2 grados más que en cualquiera de los lados de la otra cadena de los Andes.
Santiago y Valparaíso
El 26 dejan Santa Rosa a las 11, 3 leguas después pasan una elevada montaña, 12 leguas a Chacabuco, 18 a Colina, llegando a Santiago a la 19, “20 leguas que hice con un caballo que llegó con tanto ánimo como al salir de Santa Rosa.” Por consejo del correo, se aloja en una “sucia posada propiedad de un Gómez, sin cama, tan solo una camilla y una silla. En este país no tienen ni idea de lo que es una casa de hospedaje y supongo que no hay ninguna en todo el Reino.”
El 27 pasea por la ciudad, lo visita el cónsul (no da el nombre) y los señores Matthew Haverel y Richard Bond. El 28, entrega una carta de presentación al Sr. James Whiticker, quien el 29 lo presenta a una señora cuyo nombre deja en blanco pero aclara que es “la Presidenta” (José Miguel Carrera, presidente de la Junta de gobierno, todavía era soltero; como indica Roberto Elissalde, posiblemente se refiriera a Javiera Carrera, su hermana, de gran influencia política), y a la familia Rodríguez.
No escribe el 30, y el 31 se muda a lo de Whiticker, quien lo presenta a las familias Pinto y Lacava y envía las cartas de presentación que le había dado Francisco Antonio Pinto Díaz, el delegado chileno en Buenos Aires, a Juan Agustín Alcalde Bascuñán, conde de Quinta Alegre, que estaba en Valparaíso, y a José Toribio de Larraín y Guzmán, marqués de Larraín. En la siguiente semana ambos intentan verlo, sin encontrarlo en su casa, hasta que el 7 de junio el marqués lo recibe, “sin recibir otras cortesías que la oferta de una carta de presentación para Concepción.” Insiste el 9 con el conde, y recién el 13 lo encuentra en la casa de la Presidenta, donde “hizo grandes declaraciones de amistad y cortesía.”
No escribe del 14 al 16 de junio, y el 17 sale hacia Valparaíso con un Mr. Boughan de Baltimore, llegando el 20.
Valparaíso es el principal puerto de este Reino, contiene unas 600 casas incluyendo el Almendral y está bien situado para el comercio. Está a 33 leguas de Santiago. Me fui solo el 25 y llegué el 26 a Santiago, tomé habitaciones en (en blanco) con el fin de (en blanco), dejándolas el 5 de julio porque los tipógrafos estadounidenses que resultaron heridos en nuestro evento del 4 de julio habían sido traídos allí, y tomé mi anterior habitación en lo de James Whiticker.
Los tipógrafos eran Samuel Burr Johnston, William H. Burbidge y Simon D. Garrison, quienes habían llegado a Chile en noviembre con una pequeña imprenta y un lote armas, comprados en Estados Unidos a pedido de la Junta por Matías Arnaldo Hœvel, sueco de origen, naturalizado estadounidense y luego chileno.
La siguiente entrada es del 1º de julio; esta incoherencia cronológica es una de las que sugieren que el diario fue escrito después del viaje:
1 de julio. Salí de aqui a pie a las 4, fui al lago de Pudahuel, cacé 16 patos, me desnudé y me metí hasta las axilas y saqué 8 de ellos que traje conmigo a Santiago y llegué a pie a las diez y media de la mañana son cuatro leguas de Santiago a Pudahuel y cazando caminé una legua y media, de modo que a mi llegada a Santiago había caminado esta mañana nueve leguas y media, lo que asombró tanto las débiles mentes de los nativos que dedujeron que debía haber sido educado y acostumbrado a un duro trabajo diario por mi sustento para haber podido realizar semejanta hazaña de fortaleza.
4 de julio: cené en lo de los Tipógrafos con unos doce estadounidenses. Por la noche asistí a un gran baile y cena ofrecidos por los cónsules, fue la función más elegante que jamás se haya celebrado en esta ciudad; sin embargo, solo eran unas 65 damas y 100 caballeros.
No menciona detalles de lo ocurrido en ese baile, ofrecido por el cónsul, Joel Roberts Poinsett, y el vicecónsul, Hœvel, designado por Poinsett en ese puesto poco antes. Fray Melchor Martínez, en su Memoria histórica de 1848, p. 144, describe lo sucedido, llamando “bostoneses” a los norteamericanos:
.«El 11 (sic, por 4) de este mes fué permitido al Cónsul Bostonés la celebración del aniversario acostumbrado por la independencia de aquella república. Destinóse el edificio del consulado para esta magnífica función, á la que asistieron el Cónsul, el Vice-cónsul y todos los individuos que de aquellos estados residían en esta ciudad. Asistieron también convidados todos los jefes del Gobierno y demás corporaciones, con los principales vecinos, siendo el concurso de ámbos sexos innumerable. Los bostoneses, como autores de tal convite, atendían al recibimiento y acomodo de los convidados; pero siendo aquéllos unos meros artesanos y de grosera crianza, no podían ser tolerables á las principales señoras chilenas dichos servicios, ni la compañía de gente tan ordinaria, añadiéndose á esto que los muchos brindis en que habían ocupado el día, los tenían bastante descompuestos, molestando á la gente decente con importunidad y descortesía. Advertida del Cónsul esta incomodidad, fué preciso intimarles se retirasen; cuyo desaire les irritó de tal modo que salieron amenazando de tomar armas para vengarse de aquel agravio. El oficial que estaba de guardia en la puerta destacó una patrulla de 6 fusileros con un subalterno, que siguiese y contuviese á los descompuestos americanos hasta dejarlos en su posada: en esta forma, marchando por la calle el oficial de la patrulla, mandó hacer fuego sobre los bostoneses, movido de algunas palabras insultantes que éstos pronunciaron. El resultado fué quedar ocho hombres mortalmente heridos, tendidos en la calle, y entre ellos dos oficiales chilenos que caminaban mezclados con los extranjeros. De éstos murieron dos y los restantes se vieron en cercano peligro de morir, quedando estropeados después de largas curaciones. Turbóse el convite con esta novedad; y aunque siguió el baile y la cena hasta el amanecer, parece se contuvieron en el principal designio, que, según voz general, iban á publicar la independencia en aquella noche.»
Burbidge fue uno de los que murieron. Johnston y Garrison, luego de estar presos unas semanas se reintegraron a su trabajo – publicar el semanario La Aurora, el primer periódico chileno.
Coquimbo, y problemas
Sin entradas en el diario hasta el 16 de julio, cuando sale hacia Coquimbo junto con Joseph Barnes (o Bames), un catalán que llevaba carga para establecerse en el comercio minorista. White contrató a un mulero para guiarlo y conseguirle mulas por 25 dólares; salieron a las 15 llegando a Colina a las 19 – 7 leguas.
El 17 se aloja en Silva, unas 15 leguas, y el 18 entran al valle de Aconcagua, hospedándose en Punta de Guala (?). El 19 continúa en el valle, pasan el río Pocos (?) y se alojan en La Ligua.
El valle del Aconcagua es fértil y produce algunas uvas, cáñamo, frijoles y trigo. En este valle se cultiva más cáñamo que en todas las demás partes de Chile y se vende en Quillota de 4 a 6 reales el quintal. Es casi increíble lo barato que es el trigo en esta parte del país, frecuentemente cuesta 3 a 4 reales la fanega, que pesa 150 libras, y se compra incluso por 2 reales cuando el dinero se paga por adelantado antes de recoger la cosecha.
El 20 de julio se alojó en Sailiman (?) y comenta:
El camino, muy irregular, pasaba por una larga colina. He observado en muchos puntos del camino un rebaño de ovejas negras que tienen un mechón de lana blanca en la cabeza y en la punta de la cola, es singular que esta raza haya conservado estas marcas tan íntegras cuando están en rebaños con ovejas blancas. Me dicen que hace muchos años que se conocen.
El 21 de julio paran en Chigualoco, el 22 en Quillaycillo, el 23 en Hornillos, el 24 en Socos, el 25 en Quebrada Seca, y el 26 en La Punta (?). El 27 a mediodía llegan a Coquimbo, pasando en el camino…
… el pueblo de La Legua en la provincia de Coquimbo como a 70 leguas de Coquimbo hay dos pueblos de este nombre como a una legua de distancia el uno tiene como 400 casas el otro que pasé como 150 en este lugar hay unas minas de oro pero no muy ricas pasado
también el pueblo de (en blanco) a 12 leguas de Coquimbo la principal ocupación de los habitantes de esta ciudad que contiene alrededor de 150 casas miserables y dispersas es la de hacer bolsos de mano con pieles de cabrito, los desollan enteros y un extremo cosido y pintado con muchos colores brillantes y se venden de 1 a 3 reales. Entregué mis cartas de presentación al doctor George Edwards quien me ofreció alojamiento en su casa y acepté.
El 28 de julio fui presentado a casi todas las familias de Coquimbo y por la noche invitado a un baile en lo el Sr. Godemar donde había una colección de unas 20 damas, las más bellas de Coquimbo y ninguna guapa entre ellas.
White no escribe hasta el 15 de agosto, cuando describe el problema surgido cuando se lo empieza a considerar un espía y se despacha con una larga diatriba contra los lugareños.
15 de agosto – Debido a la circunstancia de que no traje conmigo mi barco, los sabelotodos de Coquimbo se han complacido en sospechar que soy un espía del gobierno inglés o francés y enviaron cartas anónimas al gobernador denunciándome en ese sentido y diciendo que este país no estaba seguro al permitir que un personaje de mi apariencia permaneciera en Coquimbo exigiendo mi arresto, a consecuencia de lo cual el gobernador, llamado Dn. Juan Guerrero para examinarme y tomar mi declaración, lo cual hizo en consecuencia, me preguntó mi nombre, nación y negocios, a lo que respondí, me informó que no podía proceder al Huasco (para cuyo lugar ya había contratado caballos) sin un Pasaporte del gobernador. Le presenté una solicitud; se negó a permitirme continuar y, como entonces le exigí sus razones me informó que había sido denunciado a él como persona sospechosa a consecuencia de investigaciones que yo había hecho respecto del país etc. etc. se negó a darme sus nombres o sus razones de sospecha y no me permitiría ir a ver una fundición de cobre a unas 4 leguas de allí y no me dio la oportunidad de justificarme pero dijo que había planteado la situación ante el gobierno de Santiago, las sospechas de la gente eran tan alertas (?) que ni siquiera pude preguntar cuáles eran las producciones del país sin generar grandes sospechas de que era un espía y toda pregunta era llevada de inmediato al gobernador. La gente en esta parte del país es la más ignorante que el Todopoderoso jamás permitió disfrutar de sus beneficios y los de la civilización, apenas hay un hombre, aunque posea una fortuna de 20 o 60.000 dólares, que tenga la más mínima idea de la geografía del mundo y la escritura de ambos y particularmente de las mujeres es casi ininteligible y no creo que haya quince mujeres que sepan decir la hora con un reloj y si por casualidad un extranjero por curiosidad visita este lugar y sabe que París no es en Inglaterra o que Londres no está en Francia, es un hombre de tanto conocimiento que debe ser un espía y piensan que la menor información que se lleve del país o cualquier producción del país es una desventaja material para el Reino por cuanto es de la mayor importancia para los enemigos del país sumado a esta ignorancia son los seres más maliciosos y celosos que existen indignos de confianza sin honor ni integridad y llenos de las más sinceras garantías de amistad y hospitalidad, en esta ciudad apenas hay un amorío en una familia o cualquier otra circunstancia insignificante, que cuenta de ello se envía al gobernador en una carta anónima o insertada en billetes de mano, no obstante aunque así pueda considerarse el carácter de muchos, no me apresuro a excluir a muchos otros que son hombres de carácter, honor e integridad.
El 25 de agosto cuenta que siendo la fiesta de San Bartolomé, el patrono de la ciudad, se realizó un acto al que asisteron el gobernador y todos los militares y tropas, pero que más que una solemne procesión parecía una “cabalgata de bandidos”.
Regreso a Santiago, via Valparaíso
El 4 de septiembre se embarca a bordo del navío español Perla hacia Valparaíso, pero como el viento era contrario ponen proa al sudoeste hasta alcanzar las islas de Juan Fernández y Más Afuera, donde el viento se volvió favorable, llegando a Valparaíso el 16.
Al desembarcar su equipaje el 17, el comandante de resguardo no permitió el paso de una caja de muestras de minerales, diciendo que era necesaria una orden del gobernador. White la solicitó, el gobernador le pidió detalles al comandante, cuya respuesta, según White, ponía en evidencia “las ideas de mucha gente de este país”: “Aunque la antedicha caja de varias piedras de metal tiene una importancia insignificante en sí misma, podría ser de la mayor importancia si se llevara a lugares extranjeros y particularmente si se enviara a esa nación que actualmente está en guerra con la península de España, pero que el gobernador podía hacer lo que le pareciera adecuado en este asunto”. El gobernador ordenó que se le entregara.
El 19 de septiembre dejó Valparaíso a las 19, llegando a Casablanca a las 16, se alojó en lo de Guzmán. El 20 salió a las 6, y llegó a Santiago a las 15. Se alojó en lo de Vacunia (¿Vicuña?) con el Sr. Boughn (antes, escrito Boughan), de Baltimore.
El 22 visita a Mr. Poinsett, el cónsul general estadounidense, cuyo nombre no había mencionado antes, y le explica lo sucedido en Coquimbo. Poinsett lo acompaña a visitar al presidente de la Junta, que ahora era Pedro José Prado, quien observó que había recibido información de que se le sospechaba allí de ser un espía, pero que dadas las garantías de Poinsett quedaba perfectamente satisfecho de que sus intenciones no eran repugnantes a los intereses del país. White vuelve a ver a Prado el 25 y solicita el pasaporte para viajar a Buenos Aires y también un certificado de que estaba satisfecho de su conducta en Coquimbo. Prado le pidió volver al día siguiente.
El 26 White se presenta con su pasaporte para hacerlo firmar, pero el presidente le pide que lo deje y vuelva el día siguiente. El 27 a las 7 de la mañana recibe un mensaje de Poinsett, pidiendo lo vea inmediatamente. Al llegar le muestra una carta del gobernador diciendo que habían recibido información privada con respecto a su conducta política y que, como ciudadano estadounidense, tendrían que hacer un examen con toda la prontitud posible, exigiendo el compromiso por escrito de que White no saldría de Santiago hasta que estuvieran satisfechos, insinuando que de no hacerlo, sería arrestado. Poinsett le pidió su palabra de honor, que White le dió, y el cónsul se presentó ese mismo día al gobierno con su garantía, pero les explicó las circunstancias que indujeron a White a visitar el país y que las sospechas de sus denunciantes en Coquimbo estaban motivadas por deseos de venganza de un enemigo suyo allí, que no identifica. Aparentemente quedaron satisfechos y le prometieron que se le concedería su pasaporte.
No todo eran disgustos. El 30 asistió por invitación del gobierno a una reunión en La Moneda, “una cena refrigerio y baile celebrando la instauración de la Junta fue espléndido y todo abundante hubo alrededor de 70 damas y 250 hombres continuó hasta las 7 de la mañana.”
El 1º de octubre visita a José Santiago Portales, miembro de la Junta, con una carta de Poinsett que incluía la que le habían enviado antes, con las sospechas de espionaje, y solicitando el pasaporte. La Junta no se reunía ese día, pero le prometió considerarlo esa noche, y que volviera al Palacio el día siguiente. White vuelve el 2, le dicen que estaban evaluando su situación y que volviera esa tarde, pero al llegar White, Portales no estaba en La Moneda. Va a verlo a su casa, donde le promete el pasaporte para el día siguiente a las 11.
De regreso
White vuelve a La Moneda a las 11 y finalmente recibe su pasaporte. A las 15 deja Santiago hacia Buenos Aires. A las 20, como el caballo del postillón estaba cansado, White sigue adelante hacia Chacabuco para esperarlo allí. Por la oscuridad se equivoca de camino y toma uno que lo lleva hacia la cordillera. Luego de andar 2 leguas encuentra una pequeña choza a cuyo propietario contrata para llevarlo a Chacabuco, adonde llegan a las 23. Poco después llegó el postillón, con otro caballo, y después de cenar unas aceitunas y pan siguieron 20 leguas al Bailla (?), llegando a las 4 de la mañana y donde se encontraba el correo que había prometido llevarlo a Mendoza por 30 dólares.
El 4 de octubre, White sintiéndose algo indispuesto y con un poco de fiebre dejan Baille (ahora escrito así, tal vez por Valle) a las 11, llegando a la Primera Quebrada, a 4 leguas. Al día siguiente salen a las 7, llegando a las 14 a la primera casucha, White ahora muy indispuesto y todavía con fiebre. El 6 salen nuevamente a las 7 y a las 10 llegan adonde la nieve era tan profunda que las mulas no podían avanzar, por lo que desmontaron y siguieron a pie hasta la casucha de la “Callivara” (¿calavera?), adonde llegaron a las 23:30. White sin fiebre y sintiéndose un poco mejor, pero algo débil. El ascenso a la cumbre no fue fácil, White siempre midiendo su desempeño.
El 7 de octubre a las 5 salimos a pie, la nieve llegaba aproximadamente a media pierna y era un andar tolerablemente bueno, a las once y media llegamos a la cumbre (la cima de la gran cresta) y como el sol tiene más influencia del otro lado encontramos las mulas esperando a poca distancia de la cumbre nadie que nunca haya pasado las cordilleras puede imaginar el cansancio que uno tiene al pasar por esto, hoy durante 6 horas y media estuvimos continuamente subiendo colinas empinadas cubiertas de nieve y lo que lo hace aún más fatigante es la ligereza del aire a una altura tan grande de la superficie del mar que el mismo volumen de aire no contiene la mitad del peso del aire que contiene en la superficie del mar por lo tanto para recibir esa cantidad que es necesaria para sustentar la vida es necesario inflar los pulmones el doble que en la superficie del mar y se está continuamente jadeando. Descubrí que no podía caminar más que 23 pasos en el transcurso de un minuto e incluso a ese ritmo lento para cada paso me veía obligado a detenerme para respirar tres veces, de modo que si caminaba 20 pasos sin parar era necesario detenerse hasta haber respirado 60 veces. Después de pasar la cumbre y esperar media hora descubrí que respiraba a razón de 76 veces por minuto, a las 12 montamos en mulas y bajamos por la cordillera hasta las 16 cuando llegamos a Punta de las Vacas donde nos hospedamos alrededor de las 21 me desperté con un dolor insufrible en los ojos y las lágrimas brotando de ellos casi en un chorro continuo y no podía admitir el menor rayo de luz. Me siguieron doliendo y al amanecer el agua dejó de correr de ellos y se aliviaron un poco.
No lo dice, pero el intenso reflejo de la luz solar en la nieve le había quemado las córneas. Sus ojos continuaban extremadamente irritados y al no poder tolerar el mínimo rayo de luz debió cubrírselos con un pañuelo, montando y saliendo a ciegas a las 7. A las 18 llegan a Uspallata, donde se alojan. Siguen viaje el 9, saliendo a las 6, sus ojos todavía muy afectados y sin poder tolerar la luz, y llegan a la 15 a Villavicencio, 15 leguas, hospedándose allí. Menciona que el día anterior, estando totalmente a ciegas, su mula lo llevó varias veces a lugares peligrosos de donde el postillón debió rescatarlo.
El 10, con los ojos algo mejor, puede tolerar algo de luz pero debe mantenerlos cubiertos con el pañuelo. Salen a las 6 y como estaba nublado, a las 10:30 finalmente puede quitárselo, llegando a las 12:30 a Mendoza, donde el Sr. Richards lo invita a alojarse. White se encuentra extremadamente débil y con la misma dificultad para respirar que tenía en la cordillera, y con una tos muy fuerte y dolor en el pecho, las puntas de cuatro dedos de su mano derecha congeladas en la mañana de pasar la cumbre, y sin apetito. El 13 de octubre, el correo con quien pensaba seguir viaje deja Mendoza, pero su salud no le permite acompañarlo. El 15 comienza a tomar corteza (no aclara cuál, tal vez cascarilla), sin ningún efecto, tiene varios episodios de transpiración, se siente extremadamente débil, con tos y expectoración. El 20 ve al Dr. Sánchez, quien le receta corteza y opio. No escribe hasta más de un mes después, el 1º de noviembre, cuando comienza a recobrar un poco sus fuerzas, pero siempre con los dolores en el pecho y la tos. Recién para el 15 recobra un grado aceptable de sus fuerzas y comienza a pensar en continuar hacia Buenos Aires, pero sufre una recaída el 17, empeorando la tos y nuevamente muy débil. El 19 se aplica una cataplasma en su lado izquierdo, donde siente mucho dolor, y sigue débil. Recién el 23 se siente algo recuperado y preparado para el viaje, y el 26 contrata a un hombre para que lo lleve a La Punta y lo deje allí, por 6 dólares.
Salen de Mendoza a las 17, “con mejor ánimo que cuando llegué y mejor de mi enfermedad que en cualquier otro día desde que crucé las cordilleras.” A las 20 llegan a lo de José Barroso, “que como un bruto no permitió que me alojara en su casa”, por lo que siguen media legua más, hospedándose a 2 leguas de Mendoza.
El 27 salen a las 4 de la mañana, llegando a las 10 a la Retamera, 9 leguas, un pequeño pueblo disperso de 6 u 8 casas, donde comen y salen a las 16 y llegan a las 20 a la nueva posta Arroyo de Chacón, 8 leguas. Menciona que a unas 3 leguas de Mendoza el terreno está enteramente cubierto de mata espinosa y excepto por la Retamera y como una media docena de casas, entre ésta y Mendoza es totalmente desolado, y que las tierras que se cultivan en Mendoza están cerca de los ríos y se riegan por canales.
Al día siguiente salen a las 5, llegando a Capilla (?) a las 15, 12 leguas, terreno árido e invadido por arbustos y algunos árboles tipo mimosa. Esa noche tiene una desagradable experiencia:
El 29 de noviembre salí a las 3 de la mañana sin haber dormido a consecuencia de la inmensa cantidad de unas garrapatas de gran tamaño que miden 3/4 pulgadas de largo, se meten en la cama y pican y chupan la sangre, son tan grandes que pican al menos 12 o 15 lugares diferentes antes de satisfacerse su picadura es tan seria como ser pinchado con la punta de una aguja. Maté durante la noche al menos 100 de esos insectos y si mi fatiga hubiera sido tan grande como para haberme obligado a dormirme estoy seguro de que hoy no habría podido viajar por las heridas de esas garrapatas a la gente de campo no les importan.
El tramo final del diario, con dos días de viaje, parece tener varias repeticiones:
El 30 de noviembre a la 1 de la mañana montamos nuestras tiendas un poco alejadas del camino para evitar ladrones amarramos nuestros caballos dormimos hasta las 4 y montamos muy fatigados habiendo andado el día anterior 30 leguas sin comer, durante la noche el postillón se bebió toda el agua que traje en cuernos por lo que a las 10 comencé a sufrir mucho por su falta a las 11 compré por un real un vaso de agua de un pasajero que encontré a las 12 llegué a La Punta de San Luis los caballos tan fatigados que sólo podían moverse al paso, mi tobillo muy inflamado, hinchado y dolorido por la picadura de las garrapatas antes mencionadas, cené con don Esteban Ramos con quien dejé un caballo que traje de Mendoza para enviarme a Buenos Ayres a las 5 me presenté al gobernador y obtuve mi licencia para caballos de posta.
El 1 de diciembre a las 6 salí de La Punta de San Luis y a las 10 llegué a la posta de Río Quinto, La Punta de San Luis es un pequeño pueblo que tiene su cabildo, está situado al final de una cadena de montañas que corre de norte a sur de donde supongo que toma su nombre, el terreno hasta esta posta es bastante irregular con cerros de suave ascenso y ocasionalmente salpicados de árboles de mimosa – a 10 1/2 salí y llegué a la posta de San José 11 leguas cené y dormí a las 6 llegué a la posta de Portezuelo 7 leguas y 30 desde La Punta pasando 2 pequeñas crestas de colinas, el terreno desigual con suaves ascensos y descensos, cené y me alojé.
El diario se interrumpe bruscamente allí, bastante antes de llegar a Buenos Aires, dejando la impresión de que fue un proyecto que White pensaba completar, no llegando a hacerlo. Aún así, es un testimonio más de lo que implicaba el cruce de los Andes en esa época y de las actitudes hacia extranjeros. Pese a que White no hace ninguna referencia a que su reputación le hubiera precedido, tal vez había sucedido. Y lo que seguía intacto era su curiosidad intelectual y su espíritu emprendedor y aventurero.
Fuentes
- Archivo General de la Nación, Buenos Aires. Fondo Carranza/White, Documentos Escritos, Sala VII, Legajo 671
Bibliografía
- _____, Aurora de Chile 1812-1813, Reimpresión paleográfica a plana y renglón, con una introducción por Julio Vicuña Cifuentes, Santiago de Chile, Imprenta Cervantes, 1903
- _____, Notes on the Viceroyalty of La Plata, in South America: with a sketch of the manners and character of the inhabitants, collected during a residence in the city of Monte video, by a Gentleman recently returned from it, London, J. Stockdale, 1808
- Aldridge, Alfred Owen, “Thomas Pine in Latin America”, en Early American Literature, Vol. 3, No. 3 (Winter, 1968/1969), pp. 139-147 (https://www.jstor.org/stable/25070376)
- Johnston, Samuel Burr, Letters written during a residence of three years in Chili, containing an account of the most remarkable events in the revolutionary struggles of the province. With an interesting account of the loss of a Chilian ship, and brig of war, by mutiny, and the consequent imprisonment and sufferings of several citizens of the United States, for six months, in the dungeons of Callao, Erie, Pa., R. I. Curtis, 1816
- Johnston, Samuel Burr, trad. J. T. Medina, Cartas escritas durante una residencia de tres años en Chile, Santiago, Soc. Imprenta-Litografía “Barcelona”, 1917
- Martínez, Fray Melchor, Memoria histórica sobre la revolución de Chile, desde el cautiverio de Fernando VII, hasta 1814. Escrita de órden del rei, Valaparaíso, Imp. Europea, 1848
- Medina, José Toribio, Bibliografía de la imprenta en Santiago de Chile, desde sus orígenes hasta febrero de 1817, Santiago de Chile, Impreso en casa del autor, 1891
- Schmidtmeyer, Peter, Travels into Chile, over the Andes, in the years 1820 and 1821, with some sketches of the productions and agriculture; mines and metallurgy, inhabitants, history and other features, of America; particularly of Chile, and Arauco, London, S. McDowall, 1824